La alianza entre Mitsubishi y Pininfarina que dio vida al CZC.
El Mitsubishi Colt CZC, un cabrio compacto que marcó una época, fue el fruto de una colaboración estratégica entre el gigante japonés Mitsubishi Motors y la prestigiosa casa de diseño italiana Pininfarina. Esta unión, nacida de la necesidad de Mitsubishi de expandir su línea de vehículos con un descapotable atractivo y Pininfarina de aplicar su experiencia en el diseño y la producción de vehículos especiales, dio como resultado un coche que combinaba la fiabilidad y la ingeniería japonesa con el estilo y la elegancia italiana. La historia de esta alianza es un testimonio de cómo la fusión de diferentes culturas automovilísticas puede crear algo único y memorable.
De la alianza al tribunal: la convulsa historia del Mitsubishi Colt CZC y Pinifarina
Lo que comenzó en 1997 como una prometedora cooperación entre Mitsubishi y el célebre carrocero italiano Pininfarina —cuyo primer fruto comercial fue el Montero de 1999— terminó convirtiéndose en una amarga batalla legal a principios de la década de 2010. El detonante de este distanciamiento fue un vehículo tan singular como incomprendido: el Colt CZC.
Un proyecto ambicioso en plena fiebre de los cabríos
A mediados de los años 2000, la industria automotriz vivía un auténtico boom de utilitarios convertibles con techo de lona o rígido escamotable. Para no quedarse atrás, la firma japonesa confió a Pinifarina tanto el desarrollo industrial como la fabricación de la variante descapotable del ColtEl diseño del modelo, inspirado en el prototipo CZ2 de 2003, llevó la firma de Ken Okuyama, célebre por haber dibujado las líneas del Ferrari Enzo.
A nivel mecánico, destacaba su variante con motor 1.5 turbo de 150 CV, una propuesta audaz para un utilitario sin techo.
Sin embargo, los números no acompañaron:
- Objetivo de rentabilidad: Alcanzar al menos 60.000 unidades vendidas.
- Producción real (2006-2008): Apenas 16.695 ejemplares.
Al fabricarse menos de una tercera parte de lo presupuestado, el proyecto se tradujo en cuantiosas pérdidas económicas para ambas partes.
Demandas cruzadas y acusaciones
Tras el cese de la producción en 2008, la división europea de Mitsubishi tomó la iniciativa y demandó a Pinifarina. Los japoneses exigían una indemnización de 43,4 millones de euros, argumentando retrasos en la línea de montaje y fallos en el control de calidad de las unidades terminadas.
La respuesta de Pinifarina no se hizo esperar. Acusó a Mitsubishi de haber realizado un cálculo totalmente irreal sobre la demanda del mercado y de haber fallado en la estrategia de marketing. Ante esto, la firma italiana interpuso una contrademanda por 100 millones de euros en concepto de daños a su reputación y para amortizar la inversión realizada en su planta.
El veredicto de París
El litigio se resolvió tras dos años de deliberaciones en la Cámara Internacional de Comercio de París, que dictaminó una resolución intermedia:
Compensación a Pinifarina: Mitsubishi fue condenada a pagar 37,9 millones de euros (más intereses) para cubrir la inversión en las instalaciones productivas. La reclamación por imagen fue desestimada.
Compensación a Mitsubishi: Pinifarina tuvo que abonar 20,5 millones de euros debido a los seis meses de demora en el arranque de la producción. La acusación sobre la baja calidad de los acabados fue rechazada.
Al saldar ambas cuentas, Mitsubishi tuvo que realizar un pago neto de 19,2 millones de euros al carrocero turinés.
Como broche final a la disputa, desde Pinifarina remarcaron que los argumentos sobre la calidad carecían de sentido, recordando que la versión convencional del Colt —producida en Holanda— también se quedó en una tercera parte de las ventas previstas inicialmente, una observación a la que la marca nipona prefirió no responder.